In Gigante

El Cusco de Martín Chambi es aquel que conoció por primera vez un mundo que se identificó asombrado con la ciudad y sus gentes. Chambi fue el gran creador de la imagen de la ciudad en tiempos en que el fin de la primera guerra mundial y la “irritada introspección”, que definiera Toynbee, motivaran el resurgir del americanismo.

El repliegue sobre nuestras raíces americanas privilegió el protagonismo histórico del Cusco sustentado en un escenario internacional cuyas referencias se focalizaban en la producción de los fotógrafos andinos y peculiarmente en la dimensión profunda del mensaje de Chambi. Una dimensión cuya mirada captaba no solamente unos paisajes urbanos seculares sino su articulación con la vida cotidiana, con la naturaleza circundante, con el uso cualificado de los espacios públicos y con la sintonía histórica de la evolución de la ciudad.

Chambi entendía que la arquitectura era un documento dinámico para testimoniar la vida del Cusco. En su mirada podía captarse el instante fugaz del registro fotográfico pero también las manifestaciones de diversos momentos de las obras, de sus renovados usos, de sus cambios materiales o de sus alternativas simbólicas en la vida urbana. Lo propio sucedía con los ámbitos públicos de la calle y la plaza, del callejón y la avenida, que podía registrar las acequias y las huellas de los torrentes de las locllas en los basamentos de piedra incaica o reacondicionados en el proceso de un mestizaje cultural de sucesivas superposiciones.

Chambi generaba la expresión del Cusco que reclamaban literatos y poetas, intelectuales y políticos de una generación andina que se proyectaba internacionalmente en aquellas primeras décadas del siglo XX en que las vanguardias del pensamiento y las artes buscaban generar un espacio de reconocimiento a las culturas americanas. Las fotos de Martín Chambi acompañaban las presentaciones del Teatro Incaico de Ollantay en los países de Sudamérica, abrían los ojos a los lectores de las revistas norteamericanas e ilustraban los frecuentes escritos de Uriel García, los Valcárcel, Arguedas y tantos otros cusqueños que expandieron su mensaje reivindicativo.

En ese Cusco rutilante, cargado de testimonios históricos, venerado en las profundas expresiones rituales de su patrimonio inmaterial y en la confluencia de creencias y mitos perdurables, Chambi retrataba la escena de la ciudad y el sentir recóndito de sus habitantes. Se preocupa por documentar el interior de los templos y conventos, los patios de las casas, los zaguanes que sirven para fragmentar el espacio público del privado y, fundamentalmente, la vida de alegrías y tristezas, la fiesta y la faena de esa ciudad que mantuvo secularmente una íntima relación económica y social con su entorno rural.

El Cusco de Chambi sufrió como sus habitantes la tremenda remezón del sismo de 1950, como seguramente lo sintió en 1650 cuando el Señor de los Temblores protegió a los desamparados en la Plaza de Armas. Si el Obispo Mollinedo convocó a los cusqueños a una recuperación de su paisaje urbano, a la reedificación de sus casas y templos, no menos elocuente fue el esfuerzo artesanal de recuperación en el siglo XX. Sin embargo, las ideas de una supuesta “modernidad” intentaron intervenir irreflexivamente fomentando demoliciones en edificios que se podrían haber reparado, aperturas de avenidas que afectaban la antigua traza, casas sustentadas sobre pilotis y traslados de obras emblemáticas. Junto a ello el testimonio cusqueño de un trabajo sostenido y la habitual carencia de recursos que suele, en nuestra América, evitar que las empresas faraónicas de los funcionarios que pretenden dejar su huella personal en la ciudad, concreten estropicios duraderos. El Cusco de Chambi puede recrearse en sus fotografías y este Cusco, que debemos defender en su vitalidad y vigencia, es aquel que da respuesta prioritariamente a las necesidades de los cusqueños y enseña a los turistas a admirar esta ciudad y sus modos de vida. La mirada de Chambi nos ayuda a definir las prioridades de lo que no debemos perder porque es parte irremplazable de la identidad del Cusco.

 

Arquitecto Ramón Gutiérrez

CONICET- CEDODAL

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