In Gigante

Martín Chambi nacido en Coasa en la vertiente oriental de los andes del sur, es considerado  “El cuzqueño más universal del siglo XX”, por el historiador José Tamayo Herrera, Ha merecido elogiosos comentarios que valoran la calidad estética, el admirable uso de la luz ylas sombras en la composición de sus fotografías. Su obra de más de medio siglo, es expuesto en los grandes centros culturales del mundo.

Sus fotografías poseen excepcional valor documental, como las imágenes captadas en el siglo XIX  por científicos y viajeros, como  Ruggendas, Squier, Bandelier, Wiener, Brünin, que lograron imágenes del Cuzco, que permanecerán por la eternidad, junto a la herencia de don Martín Chambi. A la par del valor artístico, sus fotografías son documentación valiosa para recordar el pasado de nuestra ciudad y de lo que destruyó el terremoto de 1950 y el maltrato que se dio a nuestra ciudad. La fortuna ha permitido se cuente con su legado, cual singular herencia, permite su recuperación y resurgimiento, permitiendo construir la memoria  visual colectiva, para las nuevas generaciones de cuzqueños..

Los miles de placas y negativos del Archivo Chambi, son excepcional material visual, que se usa y utilizará por siempre. Muestra la vida de la ciudad y su  entorno rural. Están los grandes espacios públicos, las plazuelas, calles incas, coloniales y republicanas, templos  católicos de la colonia, con sus púlpitos tallados finamente, frontales y ornamentos de plata, óleos y murales que cubren sus muros.

Las clases sociales surgen de las imágenes de sus fotografías, convirtiéndose en realidades nítidas de percibir  en los retratos de familia, en las celebraciones del catolicismo popular, las fiestas en salones de la alta sociedad, de bodas, bautizos, sepelios, paseos campestres.  Aparecen señores y damas, los  decentes, mozos y cholas, también la indiada los campesinos. Están los hermosos claroscuros del aqhawasi, la chichería, la “caverna de la nacionalidad”, como acertadamente la denominara J. Uriel García  Ochoa, otro grande del Cuzco.

La chichería, espacio de encuentro cuzqueño, donde las diferencias de sociales se difuminan hasta desaparecer, nivelando obreros, intelectuales, cholas y damas. Este paisaje urbano, permanecerá por siempre en las placas de don Martín. Los inmensos patios de caseríos de haciendas, permitían a colonos quechuas, compartir las fiestas con hacendados de abolengo. El compartir no borraba el injusto régimen de explotación del sistema de hacienda.    Estos símbolos de poder, son testigos de un pasado que no volverá. Las quintas rurales, se hermosos caseríos, en su sencillez, son muestras  de la arquitectura rural cuzqueña, descritas con cariño en sus Memorias por Luis E. Valcárcel, otro valor intelectual del Cuzco.

La fiesta andina, expresión de la ideología urbana y rural, concreta el esplendor del barroquismo de altares y procesiones. Trasmite la alegría de las danzas colectivas, interpretadas por jóvenes que cubren los rostros con máscaras diabólicas y trajes multicolores.

 

Su ojo de cóndor andino, de las alturas de Coasa, permite describir fotográficamente las relaciones sociales, concentraciones populares, reuniones de proselitismo político, retratos de dirigentes, de la ideología indigenista e incanista, junto a personajes masculinos y femeninos, andinos. Surgen del pasado las presentaciones del teatro cuzqueño quechua, como el clásico Ollantay.

Las fotos poseen valor histórico. Son testigos de cambios  en la ciudad, de la transformación de los espacios públicos y privados, la destrucción de rincones con siglos de historia.  Muestran un Cuzco que fue así. . .  Comparado con el actual,  las transformaciones no fueron para mejor, resultaron de improvisaciones y maltratos, cuando no ignorancia prepotente, falta de sensibilidad y educación para entender el significado del patrimonio arqueológico, histórico y artístico, de las generaciones que nos precedieron, que como herederos irresponsables dilapidamos, unos con más culpa que otros.

La exposición muestra un Cuzco que vivió, sufrió, admiró, amó y perennizó el Maestro Martín Chambi. Es nuestra herencia, de los cuzqueños de todos los tiempos, como de la gente sensible del orbe.

 

Jorge A. Flores Ochoa

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