El Hombre Gigante de Llusco

“EL GIGANTE DE PARURO”
Cusco 1925

“HOMBRE GIGANTE DE LLUSCO, CHUMBIVILCAS”
Cusco 2025

Fotografía de Martín Chambi

Por Teo Allain Chambi
Archivo Fotografico Martin Chambi

Entre los meses de agosto y setiembre del año 1925 aconteció un hecho fotográfico trascendental porque Martín Chambi realizó una fotografía que se convertiría en un ícono mundial para muchas generaciones.  Cien años después, en este 2025, los conocedores de la obra fotográfica de mi abuelo Martín Chambi celebramos su centenario: se tituló inicialmente “El Gigante de Paruro” y luego “Hombre Gigante de Llusco”.

Esta conmemoración la realizo por iniciativa personal pues tengo la experiencia y conocimientos vividos hasta hoy desde 1988, año que ingresé a desarrollar y trabajar en la gestión de su inmenso trabajo fotográfico junto a su única hija fotógrafa, mi tía Julia Chambi, nacida en Sicuani en 1919, quien me invitó a acompañarla desde aquel año hasta octubre del 2003 en que falleció.

En este relato testimonial espero que se conozca y se entienda cómo una imagen fotográfica puede ser tan significativa, famosa y universal hoy en día y convertida en la imagen fotográfica mas difundida en el mundo entero desde 1977, aunque tuvo un impacto fugaz en 1925.

Grupo de voluntarios de Earth Watch en el antiguo estudio
de Martín Chambi de la calle Marquez, 1977

“El Gigante de Paruro”, es el título como yo conocí esta fotografía de mi abuelo en el año de 1977, cuando Edward Ranney, fotógrafo y antropólogo estadounidense, llegó al Cusco con una delegación de voluntarios de la Fundación Earth Watch de los Estados Unidos para catalogar, limpiar y positivar alrededor de 6,000 placas de vidrio. Este grupo de expertos en la materia contaron con la colaboración de los fotógrafos peruanos: Fernando La Rosa y Jorge Deustua Carvallo, la asistencia del recordado Evaristo Tupa Loncone asistente de mi abuelo y con mi persona. Todo este grupo estuvo liderado por Víctor y Julia Chambi hijos de don Martín, quien con mucha capacidad y sobretodo con la sensibilidad y pasión heredada de su padre, supieron conducir e iniciar esta titánica obra como es la conservación y difusión del Archivo Fotográfico Martín Chambi.

Julia Chambi en el antiguo local
del Estudio Fotográfico Martín Chambi, 1989. Foto Paul Yule

Iniciando el tema sobre la historia centenaria del Gigante, solo tengo que precisar que esta imagen nunca fue copiada por mi abuelo, es decir, nunca la imprimió en su “cuarto oscuro” para hacerla postal, ni exhibió en sus diferentes exposiciones artísticas que hizo en vida. La razón por la que Martín Chambi se abstuvo de difundir a gran escala como lo hacía con otras imágenes del Cusco y su gente, fue de orden humanitario y ético. Este hombre gigante sufría de Gigantismo (acromegalia) enfermedad que lo convirtió en un hombre voluminoso y muy grande en estatura y proporciones corporales. Esta condición, según mi propia apreciación, fue el gran motivo de no mostrarla o reproducirla, pues respetaba esta afección. A lo largo de su vida mi abuelo nunca registró una fotografía que denigrara al ser humano.

Galería de Arte de Martín Chambi en la calle Marquez, 1955

Precisamente en esa fecha, comentaba mi recordada y querida tía Julia que mi abuelo relataba cómo conoció en el Mercado del Cusco a este personaje no sólo por su estatura sino por su origen. Le pareció un digno representante de su raza, es decir, un nuevo Inca. Y como los dos eran quechua hablantes, lo condujo a su propio establecimiento fotográfico de la calle Marquéz 231 y lo invitó a pasar a su estudio ubicado en el tercer piso. No conforme con fotografiarlo de cuerpo entero, y con su formato mas grande e importante –con su cámara de placas de vidrio de 18 x 24 cm.- invitó a su asistente el artista y caricaturista Víctor Mendívil a que posara con este imponente personaje, logrando una pieza de antología en el retrato de estudio.

El Gigante de Llusco y Víctor Mendivil, 1925

Debo recalcar y subrayar que, en esa primera y única ocasión, lo fotografió sólo con interés periodístico, pues quiso darlo a conocer con la ilusión de poder conseguir alguna ayuda. Para obtener este propósito solicitó al periodista Carlos Ríos Pagaza corresponsal del diario La Crónica de Lima que escribiera una nota además de registrar también en otra placa este encuentro con su amigo periodista.

Esta narración verbal que recordaba mi tía Julia Chambi fue de alguna manera el inicio para nombrar estas fotografía como “El Gigante de Paruro” con fecha 1929, datos que a la postre fueron desechados, gracias a la investigación y acuciosidad de mi querido y respetado amigo el fotógrafo limeño Herman Schwarz Ocampo, se descubre en el 2001, no solo que la fotografía había sido publicada en La Crónica y en Variedades en 1925, sino que la denominación “Gigante de Paruro”, estaba errada, porque en realidad era originario de Llusco-Chumbivilcas, tenía nombre, se llamaba Juan de la Cruz Sihuana, con 52 años de edad, 250 libras de peso aproximadamente y de 2.10 metros de estatura. Estos datos y con la fotografía de cuerpo entero se publica en el diario La Crónica de Lima el 4 de octubre de 1925 en toda una página junto a otras fotografías, también de mi abuelo, de la llegada y homenajes del aviador cusqueño Alejandro Velasco Astete el 1 de setiembre. Consecuencia que este año también se conmemora a este ilustre cusqueño.

Grato descubrimiento y estupenda noticia que Herman me la comunica inmediatamente. Entonces, esta es prácticamente la partida de nacimiento de esta fotografía que cumple 100 años de vida.

Este importante hallazgo ocurrido en el año 2001, pasó a ser registrado en el Archivo Fotográfico Martin Chambi, pero era complicado rectificar el error prontamente, sobretodo en las publicaciones ya comprometidas en ese entonces, como libros y catálogos de exposiciones. A partir del 2001, entonces, queda muy claro y evidente que nuestro personaje llevará el nombre de: Hombre Gigante de LLusco – Chumbivilcas, Cusco 1925.

Luego de la gran noticia ofrecida por Herman Schwarz al Perú y al mundo, me comuniqué con el Alcalde de Santo Tomás –capital de la provincia cusqueña de Chumbivilcas- para anunciarle que el Archivo Fotográfico Martín Chambi  realizaría la donación de una pieza fotográfica donde la imagen del Gigante Sihuana se registraría en su tamaño natural, es decir, de 2.10 mt. de altura y la fotografía en total sería de 2.80 mt. Y así fue, el 22 de febrero luego de un viaje complicado por carretera, llegamos Herman, Andrés Fernando Allain -mi hijo- y yo para entregar a la Municipalidad de San Tomás esta imagen que hasta ahora se exhibe y aprecia en esa población. Cabe destacar que colaboró en esta iniciativa desinteresadamente Sisko Rendón un joven y gran personaje de Chumbivilcas, al cual agradezco siempre.

Esta entrega se publicó en el diario El Comercio y su suplemento Somos gracias a un artículo de Enrique Sánchez Hernani.

No está demás mencionar que el equivocado nombre y fecha del registro fotográfico fue una desafortunada información proveniente de algún entusiasta cusqueño de la época, que sin ningún interés ni mala intención proporcionó estos datos a mis tíos, emocionados y comprometidos con la obra redescubierta en 1977 en la investigación de la Fundación Earth Watch. Por cierto, conversando últimamente con Edward Ranney me comentaba que también él conoció este retrato con ese nombre tal cual lo mencionaban Julia y Víctor Chambi y así se comenzó a publicar en los sucesivos proyectos editoriales y expositivos de entonces.

Edward Ranney en el Archivo Fotografico Martin Chambi, Cusco 2001

La fotografía cobró un nuevo valor al ser descubierta y conocida por la delegación estadounidense. Se trataba de un retrato de estudio espectacular recién visto, pero con otros ojos, que no fueron los de don Martín Chambi y que ahora se conoce en todo el mundo como uno de los más importantes de su trabajo fotográfico por su valor documental, artístico y etnográfico.

Otras voces, otras miradas

Teo Allain Chambi, Lima 2016

Me permito incluir opiniones por demás analíticas, significativas y académicas sobre esta fotografía para tener un mayor conocimiento y entenderla de mejor manera.

En primer lugar, la opinión de Andrés Garay Albújar, profesor e investigador de la Universidad de Piura (Perú). En el libro “Martín Chambi”, Fundación Telefónica y TF Eds., (Madrid, 2006), señala que la presencia del indígena en el estudio es algo excepcional.

Si bien Chambi atendía a sus clientes en el estudio, en algunas ocasiones también introdujo al indígena en ese espacio para retratarlo. El hecho, que podría ser anodino, no lo era en absoluto: hay que recordar que el Perú de la época mantenía una fuerte estratificación social basada, sobre todo, en los aspectos raciales de los individuos, de modo tal que cuanto más blanco se fuera más alto se podía ascender socialmente, y cuanto mas indio, menos.

Así, al introducir un individuo que jamás podría haber pagado un retrato fotográfico en su estudio, Chambi logró una imagen de interés sociológico, periodístico, y para algunos, indigenista. La fotografía emblemática es la del Gigante, que durante los últimos tiempos ha sido el símbolo de la obra fotográfica de Martín Chambi con una connotación de indigenismo radical, reivindicatoria de una raza en extinción –algunos han sostenido que este personaje representaba el último ejemplar de la grandeza (la talla) de la raza inca-. Pero se ha ignorado que este personaje, que se llamaba Juan de la Cruz Sihuana y era oriundo de Chumbivilcas, fue retratado por Chambi por su interés periodístico.

Las fotografías que le tomó en 1925 las destinó sólo a publicaciones periodísticas; Chambi no las utilizó para tarjetas postales ni las incluyó en sus exposiciones artísticas. Juan de la Cruz Sihuana, el Gigante, el arquetipo visual del andino harapiento, raro y fenomenal, es colocado en un escenario donde se hacían fotografías artísticas en el estudio fotográfico. Es interesante anotar que las placas negativas de la serie del Gigante –y las de otros indígenas- no corrieron la misma suerte “artística” –retoques, intervenciones, oscurecimientos, blanquecimientos, etc.- que la mayoría de las placas y retratos que se hacían con fines comerciales. El autor mantuvo el registro fotográfico y no intervino en él, salvo en el momento de elegir el encuadre y los dispositivos técnicos de exposición, lo que muestra que quiso respetar la información obtenida directamente de la cámara, tal como actuaría un fotoperiodista o documentalista serio.

En el Gigante de Chambi hay un giro conceptual muy fuerte al introducir al indio en el estudio, al incorporarlo al espacio fotográfico. Si cualquier ciudadano pasa por el estudio de retrato fotográfico, entonces también el indio puede pasar por allí. No se sostiene con esto que Martín Chambi ni Max T. Vargas, a quien vio hacer cuando trabajó en su estudio en Arequipa- hayan sido indigenistas, pero indiscutiblemente se requiere un cambio en el modo de concebir en el retrato de estudio para incorporar en él al indígena. De hecho, se le retrata como si fuera un cliente, pero tampoco se le hace un retrato artístico a la usanza, por eso es que hay un giro conceptual muy interesante en el retrato que hace Martín Chambi de Juan de la Cruz Sihuana y de otros indígenas, porque como fotógrafo tuvo claro que estaba haciendo un retrato fotográfico para reportaje periodístico.

Que hoy día veamos el retrato de Juan de la Cruz Sihuana como ícono de un mundo andino no se debe a la intención de Chambi, si no a los prejuicios de la cultura contemporánea, a los métodos de interpretación de las ciencias humanas modernas y al desconocimiento de aspectos elementales de la obra del fotógrafo.

Seguidamente, tenemos un extracto del texto crítico interesante sobre la misma imagen, de parte de Horacio Fernández, crítico y escritor español, en el libro “Martín Chambi. Fotografía”, RM editores, Barcelona, 2021).

Martín Chambi, uno de los ojos atentos que han hecho que el mundo sea un lugar rebosante de misterios. En ocasiones hay un telón pintado con flores y columnas detrás del retratado. Por ejemplo, en la colosal efigie en el vacío de un gigante pasmado llamado Juan de la Cruz Sihuana en postura de reo ante el paredón. Un ogro bueno, pacífico y harapiento, con los ojos entrecerrados y los brazos inertes que con el tiempo, se ha convertido en una imagen célebre.

La revista Art in America publicó una generosa reseña de Max Kosloff (crítico y escritor Polaco-americano) en la que Chambi era definido como el historiador de un escenario social donde la mano de obra era gratuita. Pero la autenticidad más genuina estaba en la figura de Juan de la Cruz Sihuana, sobre todo en su atavío remendado y desgarrado. Según Kosloff, los andrajos que la fotografía mostraba con tanto detalle eran la misma piel del ser El gigante de Paruro, que es como entonces se llamaba al retrato de Sihuana.

El Gigante, la autenticidad más genuina estaba en la figura de Juan de la Cruz Sihuana, sobre todo en su atavío remendado y desgarrado. Con la piel no se juega, importaba entonces y no digamos ahora. Que el ser tenga piel suena regular, pero que esa piel no sea la que cubre los huesos, dispara las alarmas. Signifiquen lo que signifiquen esas metáforas podrían aceptarse si no fuese porque el retrato de Sihuana era una foto de estudio, que como todas las demás, fue preparada. Los retratistas nunca descuidaban los detalles de la apariencia, en particular el vestuario, que a veces se facilitaba en el mismo estudio.

Para aquella foto Chambi utilizó su mejor placa, la que más información podía registrar. Acertó, hasta el pormenor más pequeño de cada remiendo sigue siendo visible casi un siglo después. Tanta exactitud parece apuntalar ecuaciones como vestido igual a piel, piel igual a esencia y el resto de un tobogán de generalizaciones que no admite excepción alguna, Sin embargo, al menos hay una salvedad que no confirma la regla, una foto de Juan de la Cruz Sihuana con otra indumentaria mucho mas convencional.

En los viejos tratados artísticos un retrato es una imagen puntual, una descripción fiel y verdadera. El aire y el temperamento no son imprescindibles, ya que los rasgos sociales tienen más importancia que la personalidad individual. En la mayoría de los retratos antiguos la identidad del sujeto es su posición social, mostrada a través del vestuario. El traje importa.

En los mismos años en que trabajaba Chambi, el fotógrafo español José Ortiz Echagüe preparaba sus retratos con el maletero de su automóvil lleno de vestiduras encontradas en ropavejeros y anticuarios.

El retrato es un género ingrato, en el que la autenticidad es una quimera. Para acercarse a ella conviene que el autor no esté limitado por las hipotecas de los encargos y la recepción de los clientes y del público, pero eso es casi imposible para un fotógrafo de estudio.

El retrato de la Cruz Sihuana es una excepción. Para empezar, no fue un encargo. Según parece, Chambi tropezó con el gigante y lo llevó a su estudio. También se ha dicho que fue su ayudante Víctor Mendívil quien lo encontró. De hecho, hay un retrato conjunto de los dos, el bajo mirando al alto destocado y sonriente, con su enorme mano en el hombro del otro. Mendívil se arregló a conciencia para la foto. Sus brillantes zapatos de cuero, terno recién planchado, pajarita y peinado de peluquería hacen todavía más notoria la vestimenta de Sihuana, las modestas alpargatas, apenas una suela y una cuerda, los harapos y las greñas rebeldes.

Juan de la Cruz Sihuana era un superviviente de un pasado extinguido. Quizás el último resto de una historia legendaria.

Y finalmente, quisiera citar la opinión de Herman Schwarz Ocampo, fotoperiodista peruano e investigador de la obra de mi abuelo en su faceta de corresponsal gráfico. Fue Herman Schwarz, como ya se mencionó líneas arriba, quien descubrió la imagen publicada de El Gigante en el 2001.

También hay que subrayar su –evidente olfato periodístico, ya que envió la fotografía para su publicación en el suplemento ilustrado de La Crónica a sabiendas del ángulo noticioso de este personaje tan particular-. El anteriormente conocido como Gigante de Paruro fue en realidad Juan de la Cruz Sihuana, natural de Llusco, Chumbivilcas, que medía 210 cm de altura, pesaba 290 libras-aproximadamente 131 kilos- y tenía más de 50 años. Juan de la Cruz Sihuana es presentado en las páginas de La Crónica como un contrapunto desconcertante a las imágenes del avión que cruza las cordilleras para unir las ciudades de Lima y Cusco –y del accidente fatal en que esa misión culmina-.

Aunque ofrecido por la prensa limeña como una curiosidad local, hay en el retrato original de Sihuana una extraña prestancia otorgada a su figura harapienta pero erguida. Como un monumento incaico derruido y sin embargo vivo, cuya dignidad resalta otra placa de Chambi en la que el indígena impone amigablemente su brazo sobre el hombro de un asistente del fotógrafo –Víctor Mendívil- vestido con especial elegancia para efectos de mayor contraste.

Para dar fin a mi relato sobre la historia del Gigante, me permito hacer una importante referencia en virtud de la fotografía en mención. Remontándome al año de 1925, en la ciudad del Cusco existían alrededor de 10 fotógrafos profesionales. Me pregunto: ¿ninguno de ellos vio al hombre gigante que caminaba por las calles del Cusco? o es que, dijeron, este hombre no  paga por hacerle una foto, entonces, ni mirarlo. Martín Chambi sí tuvo la iniciativa y la hidalguía de retratarlo porque era su par, era un Indígena, esa era la gran diferencia.

Luego de 100 años de ver, contemplar esta imagen y admirarla en el sentido artístico fotográfico, histórico y documental, sostengo que mi abuelo Martín Chambi, por la forma como abordó a sus personajes queriendo enfatizar la comprensión del ser humano a través de su potencial y sus valores personales con sus cualidades únicas e irrepetibles, fue en consecuencia, un artista de la fotografía profundamente Humano.

Cusco, Setiembre-Octubre del año 2025

Teo Allain Chambi
Archivo Fotográfico Martín Chambi


© 2025 Todos los derechos reservados
Prohibida la reproducción parcial o total de este articulo sin autorización.

allainchambi@gmail.com